En nuestra sociedad se ha implantado un régimen absurdo y suscitador de envidias varias. Un ágape infernal, perpetrado por los mismísimos participantes, una reunión sádica, revolvedora de rencores casi olvidados, de crueles palabras ya acalladas.
La reunión de egresados, veinte años después de egresar.
Lo que aconteció en el colegio ya deja de importar, aunque lo utilicemos como excusa para tratar de entablar una conversación. Empezás con un “¿te acordás cuando hicimos que Estela, la de geografía, se tomara el té con meo?” y similares, para terminar hablando de las familias de cada uno, de qué siguió estudiando cuando se egresó del secundario, que si al final había pasado algo con Martita, la que iba un año antes que nosotros, etc.
Y cada uno de nuestros entrañables compañeros tiene una historia que contar, una vida que detallar ante nuestra cara de sorpresa, nuestro sanguchito de miga seco y con poco queso y nuestro vaso de plástico con gaseosa Goliat Cola.
El Gordo Benítez
Más conocido como Bola de Sebo, Bola de Fraile con Patas, Muñeco Michelin, Avalancha de Lípidos, Willy liberado, El Hombre Malvavisco, contrabandista de Ravioles, Cinturón Ecológico y similares, el Gordo Benítez pasó su secundaria bancándose las cargadas incansables de sus crueles compañeros, a quienes calmaba con un par de trompadas bien puestas. El gordo era lento, pero si te la ponía te dejaba turulo.
Jamás se le conoció una novia, vivía zampándose alfajores Guaymallén y podía comerse dos pizzas enteras, todas con fainá encima. Cocinaba como los dioses, comía como el demonio. En la actualidad, el Gordo Benítez es dueño del holding gastronómico más importante de la Argentina. Tiene restaurantes en Puerto Madero, la avenida Alvear, en todos los countries conchetos y en los reductos exclusivos de San Martín de los Andes, Las Leñas, etc. Llega a la reunión con un gato despampanante, toda rubia y tetona, y trae tarjetas personales, que tienen como logo un plato cuadrado y dos cubiertos plateados. En un rapto de egocentrismo, invita a todos sus ex compañeros a cenar gratis, “cortesía del Bola de Sebo, muchachos!”
Viste trajes Armani hechos a medida (y sí, usa talles especiales), reloj y cadenas gruesas de oro y una colita de caballo, aunque se está quedando pelado en la parte superior de la cabeza.
Grado de envidia que le tenés: 70%.
El Mentiroso Gutiérrez
También conocido como Hipocondría, la Ameba Enferma, La Peste, Houdini, Dr. Ahorro y Dr. Cureta, Gutiérrez zafaba de todas las clases, evaluaciones, trabajos prácticos y exámenes. Tenía una enciclopedia mental de enfermedades súbitas posibles, y jamás repitió una. Dueño una mano magistral para falsificar certificados médicos, con el tiempo las maestras creyeron que era algo así como un santo, que enfermaba pero siempre se autocuraba. La cosa es que el flaco era más mago que Copperfield y Emmanuel juntos: se escapaba de todas, zafaba como un rey y al final nunca se quedaba libre. Su performance de convulsiones epilépticas descontroladas aún es recordada con añoranza por los profesores: la saliva y los ojos en blanco fueron un espectáculo impresionante.
En la actualidad, el Mentiroso Gutiérrez actúa como coprotagonista con Alfredo Alcón en el Teatro San Martín. Tiene una excelente ductilidad para lograr complejos papeles dramáticos, en los cuales su personaje siempre muere víctima de una trágica enfermedad. Para pagar sus caros estudios actorales, se ganó la vida falsificando certificados, cheques, contratos y documentos. Llega a la reunión con ropa de Etiqueta Negra, un sombrero a la Alan Faena y un celular que no para de sonar: Adrián Suar lo tiene harto, quiere firmar ya para producir una serie dramåtica con él, además de contratarlo como asistente de contenidos. Se va temprano, aduciendo un malestar estomacal. El flaco no cambia más eh!.
Grado de envidia que le tenés: 68%.
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